Quiero contarte que en una de mis últimas entrevistas laborales mi carta de presentación decía que estaba buscando un proyecto para volcarme en él en cuerpo y alma. No fue motivación suficiente, si no me faltaba formación en una materia me faltaba en otra, si tenía experiencia en un ámbito me faltaba en otro… Ya no espero esa respuesta que prometieron darme. En mitad de aquella cita sabía que, por mucho que me ilusionase formar parte de aquel proyecto en el convencimiento que podría entregarme por un bien común y que lo daría todo de mí, al traspasar aquella puerta ese empleo no me aguardaba. No lo sientas como un reproche, te abro mi corazón de par en par.

Te confieso que después de diez años donde he vivido gratas experiencias doy por finalizado este trayecto. Mi vocación de servicio deberá volcarse en otro lugar, ha de transformarse.

Te has convertido en mi ser, mi forma de pensar, sentir, de vivir, amar… y algún día tu camino se cruzará de nuevo con el mío. Eso espero… o quizás no. Dejemos fluir, sin ataduras. Sin rencores.

Gracias por todo lo que me has dado, por todo lo que he aprendido, por las personas que me has traído en esta maravillosa década de mi vida. Me has hecho sentir viva, consciente.

Te buscaré en los libros, sabré de ti por las noticias, la red, las iniciativas… te sentiré en las pequeñas cosas, en mi día a día. Seguiré tendiendo un puente hacia las personas, tal y como me has enseñado.

Te digo hasta luego porque te llevo tan dentro que formarás parte de mi el resto de mi vida. Te digo hasta luego porque no es un final, es un nuevo principio.

@GemaGlo

tiempodetrabajosocial

 

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