Hoy no podía ser de otra manera, toca soltar amarras, valorar lo pasado y mirar hacia adelante con optimismo. Es el último propósito del año.
Confieso que ya tengo una lista muy considerable de asuntos importantes que resolver para el año que está a punto de comenzar, y me alegra que la mayoría sean recientes e incluso nuevos, indicativo de que el año que se marcha ha sido productivo. Y lo ha sido; en lo personal, con la entrada en mi vida de personas positivas y tan necesarias; también en lo profesional, con una primera mitad de año trabajando de forma remunerada (por desgracia, se ha convertido en un lujo) y una segunda mitad muy activa y gratificante.
Si tengo que elegir un mes entre todos escojo noviembre, porque llegué hasta él muy desmotivada y con mucha dudas, estaba en ese momento en el que valoraba si dejar todo por lo que había estado luchando desde el año 2008. Por suerte lo que sucedió justo en ese mes, me hizo recordar por qué he llegado hasta aquí y que a pesar de todos los contratiempos no puedo tirar las horas y horas dedicadas a esta misión. Ha sido el mes que me ha proporcionado más satisfacciones en el ámbito de mi profesión, el Trabajo Social. Así que aquí estoy, tomando decisiones desde el amor, no desde el miedo, y enfrentándome a todos los fantasmas, buscando la mejor forma de servir a los demás, que es al fin y al cabo mi propósito y lo que mejor sé hacer.
En este punto es donde aparece ese sabor agridulce que me deja la insatisfacción de saber que puedes hacer mucho más, infinitamente más y que trascurrido un año miras hacia atrás y piensas… qué pena no haber podido dar todo de mí. No en lo pequeño, puesto que la entrega es absoluta día tras día, con mi familia y con mis proyectos… pero sí me queda el sinsabor de no traspasar esa frontera de lo cercano.
Ha sido un año de transición, de dudas, de mucha reflexión. Y el balance es muy positivo, ¡hay que decirlo! Porque son innumerables las actividades y proyectos en los que he puesto todo mi empeño. Un hábito que he incorporado a mi vida este año es el de no juzgarme continuamente, estoy aprendiendo a ser indulgente no sólo con los demás sino también conmigo misma, y una reflexión que me ha ayudado mucho es que yo elijo mi papel. Yo elijo mi papel.
Finaliza el 2015, gracias por lo vivido. Gracias a todas las personas que han formado parte de mi vida este año, me habéis hecho muy feliz. Es momento de dejar ir, soltar, desprenderse…para dejar sitio a lo maravillosamente nuevo que vendrá. ¡ Feliz 2015 ! y ¡Feliz 2016!

GEMAGONZALEZLOZANOMUJER

Gema González

 

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